Te quiero, pero no te necesito

Esta frase es la clave de toda relación con una mujer fuerte. En este mes y pico, al encontrarme con mi entorno de amigas de Zaragoza, entre otras, las dos psicólogas que, curiosamente, también trabajan en el restaurante Varela Vieja, me he dado cuenta de que la mayoría de mis íntimas basan su personalidad y su manera de interactuar con sus parejas, sus amigos/as y sus familias en este lei motiv. Y la mayoría sufrimos, en consecuencia, los mismos malentendidos de algo que, en principio, debería ser positivo.

Pero hete aquí que a casi nadie le parece positivo.

Los hombres nos reprochan: “Ya veo que no me necesitas para nada”, “Te cansarás de mí y me dejarás, porque no me necesitas”, “Eres demasiado independiente, no te sirvo ni para hacerte los taladros”… De modo que se buscan y prefieren quedarse con otras que les hagan sentir útiles, que dependen de ellos para su día a día, no sólo a nivel emocional, sino también práctico, porque se autodeclaran incapaces para cubrir sus necesidades por sí mismas. Mi respuesta siempre es la misma: “¿Prefieres que te necesite o que te quiera en mi vida?”. Desde luego, yo prefiero que alguien esté conmigo por amor y no porque no le queda más remedio para sentirse pleno, pues interpreto que le doy igual yo que otra cualquiera con tal de tener compañía. Antes de aceptar pulpo como animal de compañía, nosotras preferimos seguir solteras.

Sólo quiero tu amistad

En otra escala, esa interpretación se extiende a los amigos, en ocasiones. Ves a amigas/os que te quieren, que se matan si les pides un favor, pero que te consideran tan independiente y autónoma que dan por hecha la amistad. A este tipo de mujeres, aclaro, nos cuesta sobremanera pedir favores, porque tendemos a hacerlo todo solas para no molestar a nadie, buscamos soluciones y las ejecutamos sin mover a todo Cristo alrededor. Así que la mayor parte del tiempo, no vamos a contactar con los amigos para pedir nada, sino para hacer planes juntos, por gusto. Podríamos vivir sin ellos, pero preferimos compartir con ellos nuestros momentos, los buenos o los malos. Sin intereses.

Y lo mismo pasa a veces con la familia.

No, de veras que muchas veces no necesitamos que nos cuiden a nosotras, ni a los niños, ni nos hagan los recados, ni nos regalen nada, ni los oídos siquiera; ni que nos den dinero, ni nos hagan favores. A veces, lo único que nos gustaría es la presencia emocional, el apoyo sin cuestionamientos ni juicios por hacer las cosas a nuestra manera; el quedar a comer como iguales sin que haya un compromiso semanal obligatorio o por costumbre familiar en determinadas fechas, sino por el placer de hablar, de abrazarnos, de estar ahí, compartiendo contacto, dándonos tiempo de calidad mutuamente.

A mi padre le cuesta entender que no madurareszanjaren-1quiero que venga para ponerme los armarios y las baldas, sino para estar juntos, por puro y mero amor y cariño, porque es lo único que necesito de él. Pero me considera tan fuerte que no contempla que esa ausencia me duela. Si no lo capta mi padre, cómo puedo pedirle que lo comprenda a un hombre que teme que mi libertad me lleve a ponerle los cuernos, a abandonarle. No pasa nada, a esos, me confirman mis amigas, mejor los dejamos correr, no vamos a insistir con la fe ciega de cambiar su mentalidad.

Las inseguridades de los demás…

Al final, son las inseguridades de cada uno lo que se esconde detrás de esta necesidad de ser necesitado. De tener a alguien dependiente en lugar de agradecer que elija día a día seguir a nuestro lado, sin compromiso sino en plena libertad. Las personas libres damos miedo porque nadie sabe por dónde vamos a salir, ni cuándo.

Y las nuestras…

Detrás de nuestra autonomía y fortaleza se esconde una necesidad, en concreto, la de demostrarnos a nosotras mismas que somos autosuficientes, que no somos débiles. Esa seguridad en una misma puede parecer orgullo o soberbia, pero es únicamente una forma de rehuir la compasión, el victimismo o la victimización, la preocupación de los demás por lo que nos sucede. Lo que suena como “Qué te piensas, que no lo sé hacer o soy incapaz”, en plan chulico, en realidad quiere decir: “Tranquilo, bastante tienes con tus historias, no quiero cargarte con las mías, ya me las sé apañar solita, gracias”.

Ciertamente, por lo general, podemos. Si no, pedimos ayuda y asistencia. Pero, de verdad, lo que más nos hace falta es el apoyo a nuestras decisiones. Independientemente de los resultados que den las mismas. Os queremos. Así, a secas.

Y de estos temas hablamos las mujeres, cuando nos reunimos a cenar tan ricamente como se ve en esta presentación, con esos menús tan variados y completos del restaurante donde a nuestras colegas sólo les falta pasar su consulta, ¡porque sonrisas y energía positiva les sobran!

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