Vermú torero, planazo para los domingos.

daniel
Yolanda Gil, Daniel González y la mendas, antes de dejar su jamón en los huesos.

No dudé ni un segundo en proponerle una entrevista a Daniel González, propietario de la Tertulia Taurina, a quien tuve el gusto de conocer el miércoles en la presentación del proyecto de Carmen Lardiés. Y es que, mientras probábamos en el Jardín del Temple su exquisito jamón, que nos arrabataban de las manos, me contó que los fines de semana monta un vermú torero en la terraza del restaurante que es un exitazo desde enero. Os dejo aquí la conversación tan de café de mediodía que mantuvimos:

 

Sin hipocresías

Yo voy a ser muy muy sincera en mi opinión sobre el consumo de carne de toro, por zanjar polémicas: No voy a las plazas ni me gusta ver correr sangre en general, pero me encanta el rabo de toro, al igual que me gusta el foie pese a haber presenciado cómo ceban a los patos y parecerme una barbaridad. Por principios, estoy en contra de cualquier tipo de maltrato a cualquier ser vivo, sin embargo, puesto que soy carnívora (ex novia de carnicero halal y sin remedio) y perfectamente consciente de que toda crianza y matanza de todo bicho viviente por tierra, mar o aire está desprovista de delicadeza, no voy a ser tan hipócrita de mostrarme en contra de la carne de toro por la forma de poner fin a su vida.

 

El evento de Carmen Lardiés dio lugar a este vermú conjunto tan bien avenido.

Seguramente no es políticamente correcto reconocerlo en público, pero intento ser coherente entre lo que hago y lo que pienso, y no tengo ninguna intención de ocultarlo por quedar bien. No he venido a esta vida a preservar las apariencias sino a ser yo. Al que no le guste, tiene cantidad de alternativas.

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La Tertulia tiene una buena bodega, y Daniel sabe qué vinos recomienda.

 

Aclarado esto, el restaurante sorprende porque no está repleto de cabezas de toros como trofeos en un museo. Más bien al contrario, el recientemente colocado e inmenso lienzo del artista Luis Moreno Cutando retrata la elección de los capataces de los toros en plena naturaleza, en su momento dulce, y eso se agradece cuando te estás comiendo un solomillo o un chuletón de toro en la piedra, dándole el punto que a cada uno le apetece.

El plato de jamón con pan y tomate, la jugosísima croqueta de rabo de toro y las tapas de la barra en general, el rabo de toro guisado, el carpaccio de novillo con parmesano y el de champiñones con foie, e inclusive el marisco, en una taberna taurina, están para quedarse hasta a cenar. No sé vosotros si vais a ir a probarlo, pero yo ya he quedado para ir a repetir.

He vuelto dos meses más tarde y flipad con la barra que está montando el nuevo chef, Chema Ramón!!

 

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